Exposiciones

Heterónimos – Gregorio González

  • 10 septiembre - 24 octubre10/09/09
  • Vista exposición / Installation view
  • Ágora, 2009
  • Enigma, 2009
  • Comedia del arte, 2009
  • Heterónimo I, 2009
  • Heterónimo XII, 2009

LOS HETERÓNIMOS DE GREGORIO GONZÁLEZ

El impulso antimimético fue la pauta común de una serie de movimientos abstractos que a lo largo del siglo XX abogaron por la depuración lingüística y la reducción formal. Esta circunstancia empañó, en buena medida, el entendimiento de la pintura más allá de unos valores puros que no remitieran más que a sí mismos, como postuló Greenberg. La abstracción, en su disposición más o menos ordenada de formas y colores sobre el plano, se convirtió en sinónimo de verdad visual; de manera que el lenguaje terminó siendo aniquilado por su propia gramática y detrás del signo, divorciado de su contenido, no había nada.

La pintura de Gregorio González, bajo su formulación abstracta -y, por ende, supuestamente verdadera-, quebranta los límites marcados por la ortodoxia formalista para subrayar su carácter de re-presentación. Las obras aquí reunidas constituyen pequeñas puestas en escena donde el pintor plantea una serie de conflictos de naturaleza pictórica sobre los que vierte su ritmo interior, con sus pausas y sus silencios (el arte, sostiene Pessoa por boca de su heterónimo Bernardo Soares, es “la comunicación a otros de nuestra identidad íntima con ellos”). Las formas y colores se emancipan del lugar adscrito por la tradición moderna para diseminarse por el campo expandido, derivando de la planitud al volumen. Se genera así una suerte de escenografía -reconvertida en ágora o espacio de intercambio- poblada por unos cuantos heterónimos o individuos aislados que se yerguen verticalmente, con la espiritualidad y dignidad del tótem. Estos otros yoes del artista dialogan entre sí, pero también dentro de sí, ya que en el seno de cada uno de los planos que vertebran los poliedros se da una comunicación interna entre una serie de formas geométricas elementales y un conjunto de colores rítmicamente contrastados, como en una variación musical. Cada superficie incorpora una ficción representativa autónoma que puede prolongarse en el plano contiguo o no, pero que, en todo caso, reclama su propia visión. La mirada, incapaz de adivinar qué hay al otro lado, debe transitar por los distintos planos para aprehender la obra en su totalidad, igual que en un paisaje arquitectónico.

El conflicto inicial, originado por la quimérica avenencia entre planitud y volumen en una pintura que busca su autonomía, ha llegado a un punto de equilibrio que el artista vuelve a poner en cuestión. Los heterónimos, una vez independizados del muro, acaban regresando a él, tras haber aprendido que la pintura, en tanto que representación, permite bregar con lo imposible. Se produce, consecuentemente, una inversión de los valores abstractos, que adquieren cierta cualidad metafísica. La pintura, de-vuelta a la pared, manifiesta entonces cierto interés por el equívoco y el trompe l’oeil, desarrollando un juego perceptivo con lo ambiguo y lo esquivo que deja entrever la actitud lúdica de su autor. La mise en scène acaba convirtiéndose en una mise en abîme y los heterónimos, en su retorno al plano bidimensional, conforman una nueva ágora que evidencia la comedia del arte.

Gregorio González problematiza con el medio pictórico para desarrollar una gramática personal, disciplinada, sin ruido, intuitiva pero calculada, siempre conflictiva, que sedimenta un pensamiento abstracto que se sitúa más allá de unos valores meramente formales. Inscribe la vida en formas y colores que seducen una mirada que se posa y reposa, invitando a buscar esa pregnancia semántica que enlace lo representado con el propio ritmo interno, siempre desde la voluntad de silencio. Decía Bernardo Soares en su Libro del Desasosiego que el arte también es un aislamiento, ya que “todo artista debe tratar de aislar a los demás”, esto es, “llevar a sus almas el deseo de estar solos”.

Marta Mantecón

Gregorio González. Arte y Parte, 2009

‘Heterónimos’ un tributo… Irene Sainz. El Mundo Cantabria 13.09.2009

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