Exposiciones

Prácticas desafinadas – Paco Guillén

  • 6 abril - 9 mayo 20175/04/17
  • Smoke and mirrors, 2017
  • Teatro del mundo (mapa I)
  • S/T, 2017
  • S/T, 2017
  • S/T, 2017

IMPREDECIBLES RIMAS DE UNA MEMORIA DESORDENADA


En el arte, las libres asociaciones casi nunca son arbitrarias, la lista puede ser inagotable hasta  llegar a  elaborar un inventario del universo. Pero la intensidad, el goce… todo depende de la mirada y de la elección de su creador; enérgica futilidad que proviene de todas partes y se dispersa de forma difusa entre éstas imágenes que me muestra Paco Guillén.  Éste auto sondeo, el interior desvelado, la capacidad de adueñarse de sí mismo aparece unida, intrincadamente, a ser dueño de algo en general, o así lo percibo. Acaso el arte nos da la posibilidad de articularnos o desarticularnos como una experiencia autosuficiente, me pregunto.  Y tal vez, las huellas del artista se borren pero todo ésto que veo parece depositarse más allá, en las pupilas de un ojo espectador… Paisajes paralelos, retazos brillantes, pasajes oscuros; las figuras se cruzan con una abstracción irregular y fluída, sin mucho detalle, sin metáforas, sin grandes términos, potenciando la fuerza redentora de la disonancia. Un impulso que convulsiona y transforma las formas conjurando con sus gestos en el vacío la asechanza  sin rostro del espino.  El cuerpo aparente  de su extrañeza parece carecer de la suficiente robustez como para ostentar, no puede llamar mucho la atención, a pesar del centelleo de pequeños brillos y colores, porque el no pedir demasiado forma parte de su encanto.

Esa frescura escondida, el destello de ese apreciado fulgor parecen ser extraídos de un glamour subterráneo en los sumideros de la inspiración… “ Sean cuales sean los colores que guardes en tu mente te los mostraré para que los veas brillar” decía Bob Dylan.

Éstos dibujos son como las rimas ásperas o inexactas del poema en una canción desafinada, que se justifican porque el propio poema es consciente de que las palabras de la vida no encajan perfectamente en la música. Es un aire de “a medio hacer” que entraña belleza pero también la energía de buscarse. Todo ello me hizo recordar los cuentos de Borges y El Aleph, historias del infinito, laberintos, obsesiones, nostalgias, ensoñaciones, en los que se revelan grietas en la lógica de la realidad.

En las habitaciones del pensamiento se van abriendo puertas, la quebradiza apariencia de la realidad  que nos rodea argumenta a favor del caos,  convirtiéndose en  combustible artístico  de estos dibujos que parece que no se preocuparan tanto por quedarse sino más bien por moverse; y a pesar de que se tengan que marchar, pudieran  vagar solos hasta el infinito. Nos adentramos así en el sueño de ninguna parte, un camino en el universo sin aquí ni allí donde las huellas plasmadas no puedan acercarse ni alejarse más allá de ningún lugar…

Sin embargo, el efecto provocado por esa transición poética agudiza la visión para penetrar en el corazón y la naturaleza del ser humano dibujando un exquisito hilván que no deja lugar a la ira. Prefiere cien veces más la visión que se echa al mundo, se adentra por el camino, y se convierte en hueco donde depositar copiosos recuerdos que atraviesan las grandes esperanzas, entre la materia plástica más elemental y sencilla. Un ambiguo claroscuro entre exhibición y ocultamiento que iguala los diferentes códigos estéticos, sociales y culturales y los reduce a roces entre emociones.

Igualmente esenciales, reiterados y sinceros son los secos golpes del taconeo, como huesos que golpean la vida y que parecen recordarnos lo inaferrable que demandan memoria y olvido, olvido y recuerdo, insistencia y borrado; desaparecer en el espacio, borrarse más que dejar huella, diluirse invisiblemente sin ningún drama.

También me muestra la grieta por la que ve como la dura  sustancia irreductible del mundo se sigue mostrando extendida como una lengua/ pedernal que se adentra en ese mar de individualidades y que roza la superficie de nuestra civilización, describiendo una “armonía” que amenaza entre dos zonas divergentes: modernidad sólida, modernidad líquida, resultando una composición  musical nunca definitiva. El mapa de la pugna que amenaza el siglo XXI parece ser un eco repetido al oscuro infinito. La ausencia de referentes geográficos reales remite a la incertidumbre como único mecanismo que nos hace ir una y otra vez a la misma pregunta: un sentimiento de extrañamiento frente a esa realidad tan próxima que engloba nuestra vida cotidiana al ritmo de las mareas. Nuestro universo social se convierte en un susurro que apela a la alta poesía, a lo cósmico, místico, en la curvatura del universo.

Así, todas las alabanzas que pueda decir del arte de Paco Guillén, olvidarán lo que realmente importa en él; que no responde a ninguna verosimilitud y que no se trata de una expresión general, sino más bien extremadamente individual. Una autobiografía de la educación sentimental desvelada, formas flotantes que se resisten a la succión,  como el perfume más esencial que podemos dejar en la estela del arte. No se refiere al encuentro con acontecimientos materiales sino a la vehemencia imaginativa que de ello procede, empleando el espacio y la memoria orgánica    para llevar a nuestras pupilas las huellas de una humanidad movediza que se topa con lo rocoso del mundo.

                                                                                                                                 Gopi Sadarangani


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