Exposiciones

The stuff that surrounds us – Ángela Cuadra y Eva Fàbregas

  • 30 marzo - 7 mayo30/03/16
  • Eva Fàbregas. Overgrowth, 2016
  • Vista de exposición
  • Eva Fàbregas. A shell, many shells, 2016
  • Eva Fàbregas. Overgrowth, 2016
  • Eva Fàbregas. Overgrowth, 2016
  • Ángela Cuadra. Sin título, 2016

Ángela Cuadra y Eva Fàbregas - The stuff that surrounds us

Lo propiamente contemporáneo es inactual. Consiguen ser intempestivos aquellos buscadores silenciosos que rompen la cronología presuntamente ordenada que la institución impone sin descanso. Re-organizar los fragmentos que tenemos a mano, interrogándolos y ensanchando las grietas del tiempo, permite cuestionar la lectura anquilosada de lo que nos rodea. Ángela Cuadra y Eva Fàbregas con The stuff that surrounds us presentan una exposición flotante como un barco lanzado a la aventura, donde desprenderse de lo estancado para ahondar en una aporía organizada alrededor de obras esparcidas, como si de restos de una deflagración controlada se tratara.

No olvides que eres el núcleo de una ruptura. Dios se ha separado de sí para dejarnos hablar, para que nos extrañemos y nos preguntemos. Y lo ha hecho no hablando, sino callándose, dejando que el silencio interrumpa su voz y sus signos, dejando romper las Tablas”, así Jacques Derrida en La escritura y la diferencia paragona la fragmentación del texto a la ruptura del orden originario de cuyos pedazos “brota el poema y se enraíza el derecho a la palabra. Vuelve a comenzar la aventura del texto como mala hierba, fuera de la Ley”.

Las pequeñas tablas que Ángela Cuadra instala presentan franjas de color, negras y amarillas, yuxtapuestas a una acumulación de gotas diminutas y errantes de colores vivos. Gestos controlados, casi retenidos, ornan la superficie de estas pinturas como un muro “acribillado por manchas erráticas, [que] produce como una deflagración”. Manchas erráticas que en su elogio al anacronismo, Didi-Huberman individuaba en los frescos que Fra Angélico pintó en el Convento de San Marcos en Florencia en el siglo XV, y que al acercarlos con el dripping de Pollock, inesperadamente, se iluminan de otros posibles relatos y percepciones. El anacronismo fructuoso aflora justamente en la experiencia del desfase.

Una vez superada la aparente confusión del primer vistazo, observando la heterogeneidad azarosa que nos rodea, quizás aflore la experiencia del distanciamiento, como si miráramos a través de un caleidoscopio de tiempos impuros, en grado de revelar en su desfase el potencial oculto de los signos, sus historias. “Pertenece verdaderamente a su tiempo, es verdaderamente contemporáneo aquel que no coincide perfectamente con él ni se adecua a sus pretensiones y es por ello, en este sentido, inactual; pero, justamente por esta razón, a través de este desvío y este anacronismo, él es capaz, más que el resto, de percibir y aferrar su tiempo”, escribe Giorgio Agamben a propósito de qué es lo contemporáneo.

Con A shell, many shells, Eva Fàbregas muestra una serie de imágenes del hueco de una concha que, escaneado periódicamente, alterna situaciones de estasis con ligeros movimientos del escáner. A las imágenes así obtenidas, la artista añade capas flotantes de vinilo coloreado que, como un relámpago caído sobre el objeto representado, incrementa el desplazamiento de la luz. El hueco de la concha detuvo en su interior todos los tiempos de su lento desarrollo orgánico y ahora se abre frente al espectador bajo la semblanza de una acumulación de estratos de luces, aire, distancias y cercanías.

Algo pasó y sucesivos movimientos de asentamiento incumben ahora en la sala. Las imágenes dialécticas producen un destello de tiempos heterogéneos que revividos entre pliegues no se dejan reducir a una coherencia domesticada. Las obras de Ángela Cuadra y Eva Fàbregas funcionan como mundos en miniatura, su exposición como una aldea de singularidades donde la vida en común es organizada según rituales que ensalzan el trance procesual. Este proyecto expositivo avanza como un caracol tan litúrgico como lisérgico que desplaza nuestro punto de vista para re-plantear lo que nos rodea. Un movimiento silencioso e imparable que sólo enfatiza sus límites para excederlos.

El verde cambiante de aquellas plantas que tan minuciosamente fotografió Kart Blossfeldt quedó para siempre petrificado en el acentuado contraste de blancos y negros de sus imágenes. El movimiento orgánico se vio cristalizado en pos de una abstracción plateada con un cierto gusto por lo ‘grutesco’, aquel adorno “de bichos, sabandijas, quimeras y follajes”.

En los nuevos lienzos de Ángela Cuadra, un verde que poco tiene de naturaleza y apunta decididamente hacia el mundo del diseño, se posiciona con cierta aparente vehemencia en el centro de la composición, sin embargo sólo aguarda abdicar en favor de unos elementos decorativos que ya lo rodean y, calladamente belicosos, se acercan para destronarlo. La artista organiza sus pinturas desde los bordes; sin apresurarse tras un esquema compositivo previo, se entrega gozosamente a una parte del cuadro para luego alejarse y volver a dedicarse enteramente a otro fragmento. Aparecen detalles que bien podrían pertenecer a trozos de paredes o suelos, fragmentos de un grutesco en ruinas medio oculto bajo la vegetación. Restos que, juntos al verde artificial, configuran una especie de columpio para el espectador, un montaje de singularidades que va delante y atrás, ¡estamos en medio de una deflagración!

Las malas hierbas, también errantes, que Eva Fàbregas dispone en el espacio de la galería se esparcen bajo la semblanza de una ‘ecología entrópica’ transformando el terreno por el que transitan. La artista instala en los intersticios del suelo unos diminutos ensamblajes de material heterogéneo con un componente táctil que parece contagiar sus alrededores; un movimiento pausado pero incesante que excede sus límites: se trata de un overgrowth, un ‘crecimiento excesivo’ que aspira a recubrir con su manto húmedo lo anquilosado, para que brote lo poético desde el silencio. En su reseña del volumen de Karl Blossfeldt, Formas originarias del arte, escribe Walter Benjamin: “será necesario, sobre las ciento veinte planchas de ese libro, armar el cuadro para una multitud de miradas y de espectadores. Pues no deseamos ser menos partidarios de esta obra rica, que es pobre solo en palabras. Pero es menester honrar el silencio del buscador que propone aquí estas imágenes. Quizás su saber es el de los que hacen enmudecer a quien lo posee. Y el tacto importa aquí antes que el saber. […] Hizo lo suyo al ratificar el inventario de nuestras percepciones: cambiará nuestra imagen del mundo en una medida todavía imprevisible”.

Las dos artistas de The stuff that surrounds us organizan sus obras desde los rincones, se aventuran por andamios formales y conceptuales que remiten al grutesco, como hierbas salvajes que por medio del ornamento acaban dominando el espacio. Y por medio de estrategias de suspensión temporal, rodean y cautivan aquel espectador que se asome a la exposición. Desde los lados hacia dentro, del hueco a la superficie, pinturas, esculturas y fotografías de este proyecto avanzan como un caracol que se mueve llevándose sus heterogéneos fragmentos a cuestas. En su caparazón se anida toda la potencia de un choque de tiempos que por inactuales, siempre ‘justo antes’ o ‘poco después’ resultan imprevisibles. Como palabras que susurradas desde el lugar de lo íntimo desprenden una subjetividad que silenciosamente entrega, por desplazamientos sucesivos, una nueva experiencia al espectador.


 Francesco Giaveri

La galería JosédelaFuente presenta un proyecto de Ángela Cuadra y Eva Fàbregas. InfoENPUNTO 05.04.2016

The Stuff that surrounds us en JosédelaFuente. Latamuda 31.03.2016

“The stuff that surrounds us” a JosédelaFuente. Bonart 07.04.2016

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